Angélica Villalba Cárdenas es periodista. Ganadora del Primer concurso de relato y poesía creativa Libros & Letras 2020, ganadora I Certamen Internacional de Microrrelatos Amnistía Internacional Valladolid 2019; también obtuvo mención especial en el Concurso de Cuento Corto de la Universidad de La Sabana, centro educativo del cual es egresada y profesora. Co- creadora de “La Esquina Delirante”, en el diario “El Espectador”.

Ha participado en las antologías: Un bite de horror (2019), Campanadas (2020) y Brevestiario (2021). Cuento que ocupó el segundo lugar en la categoría libre del concurso de cuento corto “El encanto de mi país 2022” de la Universidad de la Sabana.

 

El corazón de la piña

Dedicado a la valentía de mi hermana Kelly Villalba

Cristina quiere jugar con los niños grandes, los amigos de sus hermanos, pero ellos creen que sus cinco años aún la hacen acreedora de la categoría “bebé” y no clasifica para sus planes en el parque del barrio.

La pequeña pasa las horas en soledad, creando mundos en el garaje y, por eso, experimenta con aquel destornillador abandonado en el desván. Lo saborea e introduce en el enchufe.  ¡Pum! es el sonido de la electricidad rechazando la herramienta. No entiende cuál es el alboroto de sus padres al verla con el pelo erizado y mientras tanto llora al escuchar los gritos de toda la familia.

Está cansada de hablarles a los asientos cuando juega a la profesora, y ya no le interesa treparse en los tacones de su mamá porque le duelen los tobillos; además siente desprecio por las muñecas inertes y frías. Si los otros niños la dejaran jugar, sería diferente.

Siempre está espiando los movimientos de sus hermanos porque hablan en secreto, la ignoran. De pronto escucha unos murmullos: se reunirán en media hora en el parque. Con rapidez, Cristina se pone los zapatos y cuando cierran la puerta, espera un minuto y baja saltando por la escalera.

Al salir a la calle los persigue; el hermano mayor la descubre y grita:

 —Cristina, ¿qué haces aquí? ¡Si mi mamá se entera, nos va a castigar!

Uno de los vecinos lo tranquiliza y le propone que la pequeña sea el corazón de la piña. La ponen en el centro y atrás quedan el destornillador, los tacones, las sillas y las muñecas, ahora sí juega de verdad. Empiezan a rodearla con sus brazos, mientras cantan: “El corazón de la piña se va envolviendo…”. Ella sonríe, por fin, es feliz.

Su voz es un coro, ya no está sola. Los chicos pierden el equilibrio, caen encima del corazón de la piña y escuchan un sonido extraño, como una rama quebrándose. Al levantarse, hay terror en los ojos de todos. El codo del brazo derecho de Cristina está al revés. Nadie habla.

Su mamá llega corriendo. La pequeña que sostiene el bracito disimula el dolor y entre lágrimas mal reprimidas, le dice:

—Mami, ya soy grande.

Cuento que ocupó el segundo lugar en la categoría libre del concurso de cuento corto “El encanto de mi país 2022” de la Universidad de la Sabana.