Serrano Rodríguez se fotografió a sí mismo como parte de la obra»Familia» de Carlos Garaicoa

“Todos los fotógrafos hacemos fotografía documental, pero después todo depende de la interpretación de cada quien, si hay más o menos poesía, o imaginación”
Graciela Iturbide
Texto: JAIME FLÓREZ MEZA
Fotos: FELIPE SERRANO RODRÍGUEZ
Un fotógrafo tiene una mirada particular de las cosas y de la gente. Desde luego, existen distintos tipos de fotógrafos: el reportero gráfico, el retratista, el publicitario, el de modas, el fotógrafo artista, el de gastronomía, el de viajes, el de ciencia, el documentalista, etcétera. Felipe Serrano Rodríguez es un fotógrafo ecuatoriano (Cuenca, 1964) que define su trabajo, precisamente, como fotografía documental, que es un campo muy amplio. Licenciado en ciencias de la educación e instructor de artes marciales, hace treinta años abandonó estas actividades para dedicarse a la fotografía. Su formación ha sido, por un lado, autodidacta y, por otro, a través de cursos con fotógrafos profesionales como el argentino Jerónimo Rivero. Ha publicado cinco libros de fotografía en los cuales su principal interés ha sido, básicamente, el de documentar visualmente la vida en su ciudad y su provincia (Azuay), sus entornos arquitectónicos y naturales.

Este sería un ejemplo de foto-ensayo e igualmente de fotografía artística
La concepción de fotografía documental no está exenta de ambigüedad en tanto cualquier imagen fotográfica tendría un aspecto documental al constituirse en un documento visual de algo o de alguien. Pero, al decir de la investigadora Beatriz Guerrero González-Valerio, actualmente la fotografía documental está caracterizada “por su afán descriptivo de la época en que vive el autor con todo lujo de detalles (valores, comportamientos, afectos, retratos, paisajes, objetos cotidianos), por un mayor escepticismo (ya no hay una confianza ciega en la posibilidad de cambios generales), por no buscar un pacto con el receptor (ya no aspira a contar con su apoyo, con su complicidad) y por el retorno de la subjetividad (su obra se impregna de su personal punto de vista, los fotógrafos actuales no muestran reparos en mostrar su peculiar forma de entender el mundo)”.

Con todo, la línea divisoria entre la fotografía documental, la periodística y la artística, por ejemplo, en muchos casos es muy delgada. Hoy en día no es raro que un fotoperiodista exponga en una galería o en un museo, como es el caso en Colombia de Jesús Abad Coronado, insigne reportero gráfico del periódico El Colombiano, solo por dar un ejemplo. Igualmente, los fotógrafos propiamente documentales suelen exponer su trabajo en museos y galerías. Se podría agregar como otra característica de la fotografía documental su aspiración a tener una mayor perdurabilidad, a no ser una imagen pasajera, como lo ha demostrado la obra de Dorothea Lange, Henri Cartier-Bresson, Graciela Iturbide o Sebastião Salgado, entre muchos otros.
La mediación artística
En la reciente XVI Bienal de Arte de Cuenca Felipe Serrano hizo parte del equipo de mediadores o guías, correspondiéndole inicialmente la obra “Pascua dolorosa”, del artista paraguayo Fredi Casco. Posteriormente y hasta el final del certamen se le encargó mediar otra obra de la muestra oficial, la del artista cubano Carlos Garaicoa, una instalación de patrones de sastrería titulada “Familia”. Además, es el fotógrafo oficial de esta edición, de la cual próximamente se publicará un catálogo en dos volúmenes con sus fotografías. Sobre esta experiencia Serrano comenta:
“Aparte de considerarse uno el elemento que contrata la Bienal para que evidencie la obra del artista, es solamente un inicio, nada más. Porque uno de a poco se va introduciendo en la obra del artista y se apropia de ella. Desde ese punto de vista ya no cabe simplemente una expresión netamente académica o tecnicista, sino que ya es vivencial, completamente. Incluso tú partes de experiencias propias, las cuales cuentas al público. Y él también empieza a formar parte de aquello mismo. De tal suerte que generalmente se concluye con lágrimas, con aplausos, con risas incluso. Las emociones salen a flote en aquellas personas a través de la conducción del ‘mediador’. Ya no sería tanto el mediador sino más bien, por ese lado, la persona que está explicando casi, por decirlo así, su propia obra de arte. Aparte de que justamente uno tiene, claro, raíces artísticas o gustos artísticos, entonces arma todo eso aquí”.

Serrano dialoga con dos visitantes venezolanas. Foto: Jaime Flórez Meza
Sus conocimientos y experiencias en el campo académico le han agregado un plus a su labor artística mediadora (es la segunda vez que se desempeña como tal en la Bienal), toda vez que un mediador tiene que hacer una suerte de pedagogía con los espectadores:
“Utilizo ciertas técnicas pedagógicas para disertar la obra. No me quedo parado en un solo lugar, gesticulo mucho, me muevo de un lugar a otro. ¿Por qué razón? Porque el ojo humano se aburre de tener la vista en un solo lugar. Si te mueves llamas mucho más la atención y haces más vivencial lo que estás expresando. Es eso nada más como técnica para llegar más al público. Y me expreso con realidades. Si esto es una realidad que está expresando el artista con la migración, no es un asunto literario que está pegado en una pared, sino que es algo que vivimos todos. Al menos aquí en nuestra ciudad casi todo ciudadano cuencano tiene un pariente que ha migrado. Hay una parte de la canción de León Gieco, Solo le pido a Dios, que dice ‘desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente’. No es sencillo, no es fácil ir a otro lado a trabajar, a sacrificarse. Porque de hecho ya sufres de xenofobia, de racismo… La gente no le acepta tan bien a una persona de otro lugar”.
En relación con el lema de esta decimosexta edición, “Quizá mañana”, Serrano comenta: “De eso se vale el curador para expresar un concepto general: que ojalá mañana dejen de suceder cosas que en el momento están siendo presentes como el narcotráfico, la migración, las guerras, el cambio climático…”.
Por otra parte, dice Serrano que de todos los proyectos artísticos participantes en esta Bienal el que más lo ha atraído y movilizado es el del Colectivo Cherani, de México: “Tiene de todo: instalación, cuadros, video… Este grupo se fijó en todo para hacer una cosa muy simple: la denuncia de la vida que su población padece, porque en el sector donde ellos viven hay narcotráfico, expropiaciones de terrenos, asesinatos, involucramientos a la fuerza del pueblo a favor del narcotráfico… Entonces, todo eso lo van expresando por partes, ya sea en el video, en cuadros, en instalaciones”.

Una de las obras que el Colectivo Cherani expuso en la Bienal
Del proceso de inducción y capacitación que se adelantó con el equipo de mediadores expresa lo siguiente:
“Se les instruye sobre lo que es cada obra en general. No es solamente sobre la obra que te dan a ti. Todo es en conjunto. Incluso se tiene la oportunidad muy buena de participar con personas de conocimientos de altísimo nivel. Por ejemplo, tengo que mencionar con todo el agrado a Cecilia Suárez, que disertó profundamente sobre lo que es el arte conceptual. Con ella sí tuvimos, a mi modo de ver, una lección de vida, incluso. Porque fue mucho más allá de lo que significa el arte conceptual, el arte contemporáneo”.
De la instalación “Familia”, de la que fue mediador durante la mayor parte de los tres meses de duración de la Bienal, Serrano puntualiza:
“Los patrones de sastrería no son más que eso: patrones de sastrería. Lógicamente que el artista toma aquello para identificar que son personas, porque parte del hecho de que su familia ha tenido que experimentar esta dura realidad del migrante, y en carne propia él también lo ha hecho. Entonces toma como imágenes extendidas esos patrones para explicar que hay muchas personas que padecen esa situación. Pero a la gente, cuando ingresa y ve estos patrones de sastrería, la pregunta que le surge es: ¿dónde está el arte? Luego de hablarles, al concluir, siempre vuelvo a la pregunta: lo que ustedes al momento identificaron como simples patrones de sastrería, ¿ahora lo ven así? Entonces ellos concluyen diciendo que no, que ya tienen un concepto, una propuesta, un significado o una razón, y ya no queda simplemente como el molde de un sastre. Pero es muy difícil, efectivamente, llegar a ello”.
En ese sentido, Serrano considera que una obra de arte debería contener siempre tres elementos: «Uno, la intención del artista en crear algo nuevo, novedoso y de estilo propio. Dos, que su obra tenga una forma coherente con los más puros sentimientos del pueblo, que distingue de forma natural y con sentido común lo que es lo bueno y lo malo. Y tres, que su arte tenga un concepto, es decir, coherencia con los dos puntos anteriores. Para concatenar lo dicho, toda obra de arte debe trascender, perdurar en el tiempo».

Serrano quiso captar esta imagen desde una mirada atípica, haciendo justamente lo contrario que hiciera Dalí en su famosa pintura (“Cristo de San Juan de la Cruz”). Catedral de Cuenca
Los caminos de la fotografía
Felipe Serrano se sintió atraído por la fotografía desde su niñez. Y fue una afición que dejó un poco de lado para dedicarse a la docencia y las artes marciales (también fue árbitro de taekuondo y profesor de educación física).
“A los 30 años abandoné mis trabajos dependientes de empresas y cosas por el estilo. Entonces tuve la oportunidad de conocer a una artista que trabajaba dentro de las tiendas de Cocó Chanel. Vale mencionar su nombre, es Diane Ferchel, una artista de primera, una dibujante excelente que diseñaba incluso ropa y elementos textiles en esas tiendas. Con ella decidimos retomar el arte fotográfico y hacer libros de cuentos. Han sido treinta años de trayectoria. Desde cámaras bridge al principio, que son las que tienen el lente pegado directamente a la cámara y no puede intercambiarse con otro, hasta adquirir al poco tiempo cámaras profesionales netamente, las réflex. Y ha sido una trayectoria muy enriquecedora porque he tenido hermosas experiencias. El hecho mismo de que se me ha llamado, por ejemplo, dentro del municipio de Cuenca a formar parte de catálogos internacionales, de ganar igualmente el mayor premio que tengo, de la UNESCO”.

De su más estimado maestro de fotografía, el argentino Jerónimo Rivero, dice: “Lo considero como uno de los grandes conocedores y genios del arte fotográfico, puesto que ha trabajado para la UNESCO, la ONU, la OEA, algunas universidades en Argentina, Colombia…”. Y en cuanto a los temas que ha explorado como fotógrafo comenta:
“Uno siempre empieza por lo paisajístico, en hacer algo en el campo, pero siempre guardando los elementos técnicos, las reglas de composición. Luego de eso tuve casi un salto directo a lo que es la fotografía documental. A sentir, justamente, lo que es la sociedad, lo que es el pueblo, su forma de expresarse, su forma de sentir su vida… Es bastante difícil porque siempre hay una especie de barrera o rechazo de la gente a ser fotografiado. Entonces yo tengo que acercarme a la gente y explicarle un poquito que no estoy queriendo hacer dinero con ello y pedirles el permiso. O a veces llevo un gafete que dice ‘prensa’, no necesariamente porque uno pertenezca a algún medio. Entonces la gente acepta un poco más libremente el hecho de que no es una persona que está tomando fotos y se las lleva sin una razón clara”.

Detalle del Parque Nacional Cajas en la provincia de Azuay
En tal sentido destaca su más preciado foto-libro, Cuenca: ciudad maravillosa vista por Felipe Serrano Rodríguez, que la Universidad Católica de Cuenca editó a raíz del bicentenario de independencia de esta ciudad que se cumplió el 3 de noviembre de 2020. “Solo existen dos libros en ese sentido en toda la historia de Cuenca”, subraya Serrano. “Uno elaborado para los primeros cien años de independencia que lo llevó a cabo Manuel Serrano. Es una persona que coincide en mi apellido, pero no tenemos nada que ver familiarmente. Es un libro hermosísimo, donde están justamente las casas, las calles… Vivencialmente la sociedad, aquello a lo que se dedicaba porque ves ahí la gran cantidad de sombreros que se elaboraban y se exportaban a Panamá como ‘Panamá Hat’ (sombrero Panamá). Entonces yo soy la segunda persona en toda la historia de Cuenca que ha elaborado un libro fotográfico de la ciudad”.

Foto de la portada del libro Cuenca: ciudad maravillosa vista por Felipe Serrano Rodríguez
Sobre el contenido de este libro dice:
“Como fotografía de registro no solo están las personas, sino cómo están ya las casas, porque han tenido múltiples cambios. Si bien en un momento se edificó una casa para habitarla familiarmente, pues ahora están con almacenes, cafeterías… Algunas otras casas han cambiado el concepto igualmente, no están simplemente pintadas como al principio, se las ha llenado de alegorías. En el Parque Calderón, por ejemplo, tienes una casa hoy en día completamente transformada, que está llena de faroles por todo lado y de noche la ves más iluminada. Entonces, eso no se hizo así inicialmente. Pero igualmente va dentro del asunto como documento que queda registrado: hubo estos cambios. Y así lo he hecho yo. Este libro no es solamente fotográfico, sino que tiene una introducción realizada por el doctor Juan Cordero Íñiguez, que es considerado el historiador vitalicio de Cuenca por excelencia, también pertenece a la academia de historia. Para mí fue un orgullo justamente que él hiciera esta introducción de mi libro. Son diez páginas en que hace sus relatos e identifica cómo está distribuido el libro en capítulos”.

Edificio de la Alcaldía de Cuenca visto desde una torre de iglesia (San Alfonso)

Colegio Benigno Malo
La evolución de la fotografía
En los últimos veinte años la fotografía ha experimentado cambios vertiginosos. Las cámaras con lente réflex parecen haber quedado obsoletas, lo mismo que el rollo o película fotográfica y el revelado en laboratorio, dando paso a la evolución inagotable de la fotografía digital. Dice Felipe Serrano al respecto:
“En algunas ocasiones yo estoy dispuesto a dar cursos pequeños de fotografía, dentro de los cuales se da toda esa historia para que la gente tenga conciencia de cómo nació, de cómo surgió la fotografía. Entonces, los cambios son muy significativos. Como te decía, desde la cámara Kodak brownie, la pequeñita, en la que ya hacías todo, inclusive en el momento de revelar las fotografías te regalaban el nuevo rollo. Hay muy pocas personas que hacen el revelado ahora, aquí en Cuenca creo que queda un solo lugar. Y ahora, como estamos lógicamente en la época digital, tenemos aplicaciones como Lightroom, que es con la que yo trabajo, una especie de laboratorio en donde haces absolutamente todo, pero de manera digital: exactamente lo que hacías antes con químicos y luces especiales ahora lo haces con Lightroom”.

Uno de los oficios que también ha contribuido a la fama de Cuenca es el de la orfebrería y la artesanía en general
Efectivamente, Lightroom es una aplicación muy usada actualmente por millones de fotógrafos en todo el mundo para editar sus imágenes. Como es sabido, otra ventaja es la visualización previa de las fotografías. “Ahora puedes visualizar la fotografía, si te falló el ISO [escala de cantidad de luz que la cámara puede captar], si el obturador no corrió el tiempo necesario, si el diafragma estaba demasiado abierto o demasiado cerrado, entonces puedes inmediatamente regular esos parámetros. Como uno ya maneja bastante bien lo que sería el triángulo de exposición, que es ISO, diafragma y obturador, entonces falla muy poco. No es que te sale todo perfecto, pero igualmente con la aplicación puedes recomponer una imagen. Es una maravilla”.

Los fotógrafos que más admira Serrano y que han influenciado de alguna u otra manera su trabajo son Henri Cartier-Bresson, el argentino Jerónimo Rivero —quien, como ya se mencionó, fue uno de sus maestros— y los cuencanos Manuel Jesús Serrano (el del primer libro fotográfico de Cuenca) y Vicente Tello, fallecido recientemente a los 92 años y reportero gráfico de diarios locales. Cartier-Bresson hablaba del “momento decisivo” en fotografía que, en palabras de Serrano, es “el momento exacto en el que coinciden todas las cosas, no hay otro momento más. Está pasando una persona por la calle y en ese momento que cruza, ese es el momento, o sea, te demoraste un segundo más y la persona ya está al frente”.

Le pregunto finalmente si estas tecnologías han desplazado un poco al fotógrafo en tanto ahora cualquier persona hace fotos con la cámara de su celular y luego las sube y comparte en las redes digitales.
“Yo creo que todavía no. Cierto es que todo el mundo hoy en día es fotógrafo, y así se cree porque maneja una cámara digital. Los iPhone, por ejemplo, tienen un programa excepcional para hacer fotografía, ahí mismo puedes editar o la cámara misma ya te da la imagen trabajada. Pero todavía el fotógrafo es útil por los conocimientos que tiene, es decir, la composición. No todo el mundo que se cree fotógrafo tiene la capacidad de conocer todos esos parámetros para hacer una buena fotografía: las reglas de composición. Entonces el fotógrafo es necesario. Ahora, pensemos que después de unos pocos años más esas reglas de composición ya no necesitarás conocerlas porque la cámara te lo hará todo completo. Entonces ahí sí podríamos decir que todo el mundo se convirtió en un fotógrafo. Pero será un poquito difícil, siempre habrá gente que prefiera instruirse, conocer un poco más. Que te dé haciendo una máquina todo no es tan justo, es mucho mejor hacerlo uno mismo. Pienso que por eso mismo, por no perder lo humano, todavía habrá gente que aprecie lo que hace uno”.


Como algunas fotografías anteriores, estas dos corresponden a una serie sobre oficios tradicionales
En abril de 2024 Felipe Serrano presentará en Cuenca, en el Museo de la Medicina, una retrospectiva de su trabajo.




