El maestro Palacio, primero a la izquierda, durante la inauguración de su exposición en Cuenca. Foto: Felipe Serrano Rodríguez

Escribe: Jaime Flórez Meza
Para el escultor ecuatoriano Paúl Palacio Collmann (Loja, 1941) sus obras se tienen que explicar por sí mismas. Actualmente está exponiendo en el Salón del Pueblo “Efraín Jara Idrovo” de la ciudad de Cuenca (Ecuador) una muestra que se ha titulado Soledad, contemplación, silencio. En el catálogo de la misma, Cecilia Suárez Moreno, profesora e investigadora de la Universidad de Cuenca, destaca lo siguiente: “En su vida, Palacio se encontró con la soledad, la contemplación y el silencio, la única ruta hacia un diálogo fecundo con la forma artística”.
Hijo del escultor y ceramista lojano Daniel Elías Palacio Vélez, recuerda sobre sus inicios en el arte escultórico de la mano de su padre, quien fue sin duda su mayor maestro: “Llegó un momento en que mis padres se divorciaron. Mi padre era muy enfermo, con una úlcera, y se me escapaba de morir a cada rato con hemorragia. Yo me fui a vivir con mi viejo para cuidarlo, lo quería mucho. Y bueno, mi viejo trabajaba mucho pese a ese problema y yo siempre estaba al lado… si no metía pico, metía mano, desde muchacho”. De joven se fue a Guayaquil a estudiar en la Escuela de Bellas Artes, a inicios de los años sesenta, pero señala que luego de un año ahí ya estaba aburrido porque el ritmo de trabajo creativo era mucho menor al que él estaba acostumbrado a desarrollar con su padre. Por cierto, su tío Alfredo Palacio, también escultor, era el director de la escuela; no obstante, después de casi cuatro años, dejó sus estudios y volvió al taller de escultura de su padre en Cuenca, que era muy grande y contaba, por entonces, con uno de los mejores talleres de fundición en Sudamérica.
“Mi padre podía ser carpintero, mecánico, soldador, fundidor… Era un hombre con muchas capacidades, muy emprendedor, tremendamente trabajador”. Daniel Palacio Vélez había estudiado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. “La puerta de la catedral [de Cuenca] la hizo mi padre. Él la forjó: cada fierro, cada arabesco que hay ahí fue forjado por mi padre. Hizo su fragua para hacer los arabescos y la mayor parte de la soldadura también”. Y agrega que colaboró bastante en los últimos monumentos que esculpió su padre porque “ya era peligroso que se trepara arriba. Yo me trepaba con facilidad y hacía lo que había que hacer. No lo hacía yo tan mal”.
Justamente, sobre su evolución artística dice: “Yo tenía una línea y la fui depurando a medida que aprendía un poco más”. En su proceso siempre hace un boceto de la obra que va a realizar, luego una maqueta y finalmente la escultura como tal, antes de pasar a la fundición, aunque ya no cuenta con los hornos para realizar esta última labor. En este sentido ha tenido problemas con los fundidores porque en algunos casos los resultados no han sido satisfactorios, y en los últimos años con el taller que hacía la fundición en Quito por los aumentos abusivos en el costo previamente acordado. Esto lo ha llevado a trabajar últimamente en fibra de vidrio, por ejemplo, para evitar la fundición. Su esposa Alicia comenta que se plantearon buscar talleres de fundición en Colombia para encargar algunos trabajos, pero debido a la edad y estado de salud de su esposo el asunto se ha complicado.

Paúl Palacio, su esposa Alicia y el autor de esta nota. Foto: Felipe Serrano Rodríguez
Monumentos
“En casi todos los monumentos hay una mezcla, un balance, entre mármol y bronce… o piedra”, aclara el maestro Palacio. Entre las obras monumentales que le han encargado hacer en Ecuador, resalta la de la Segunda Constituyente, ubicada en la ciudad de Ambato; y la de La Madre en el parque del mismo nombre en Cuenca. Dice que la primera le exigió todo tipo de esfuerzos porque en el lugar había un lote enorme hacia el cual se proyectaba extender la ciudad, de tal manera que hubo de realizar un diseño de convergencia de vías y de la propia plaza que alojaría el amplio conjunto escultórico. “No había estudiado arquitectura, pero tenía un sentido de cómo tenían que hacerse las cosas”, dice. El problema fue que el municipio de Ambato se quedó sin presupuesto para continuar tan ambiciosa obra debido a una devaluación del sucre (la anterior moneda ecuatoriana), y a Palacio no le quedó otra opción que poner dinero de su bolsillo para concluirla. “Me metí en un lío que me llevó tres años metido en Ambato y mi familia acá botada”, comenta, y en ese sentido enfatiza el coraje que tuvo su esposa Alicia para sostener a la familia durante la ejecución final del monumento, que es un homenaje a la segunda constitución ecuatoriana, redactada en 1835.
Del monumento a La Madre y tributo a la Paz, Palacio aclara que el concurso para su realización lo ganó su padre. Sin embargo, cierta vez que ambos estaban en el restaurante donde solían comer el joven escultor dibujó en una servilleta una imagen relacionada con la maternidad. Al verla, su padre le dijo que estaba mucho mejor que la que él había presentado al concurso. Fue a hablar con el gerente del Club Rotario de Cuenca, entidad gestora del monumento, y lo convenció de cambiar la propuesta. Aquello fue un desafío absoluto, pues Daniel Palacio puso en manos de su hijo la ejecución completa del monumento que, vale subrayar, se elaboró a partir de la fundición de balas y armamento de conflictos bélicos, como informa la placa del mismo, de ahí el subtítulo de Tributo a la Paz. Esta obra se inauguró en mayo de 1966.

Homenaje a la madre y tributo a la paz
Foto: Jaime Flórez Meza
Otro monumento característico de Cuenca —ciudad que de por sí es monumental— es el de Simón Bolívar, localizado en la rotonda de dos importantes avenidas. El Libertador estuvo en Cuenca entre septiembre y octubre de 1822, después de su célebre encuentro con el general San Martín en Guayaquil. En ese interregno viajó también a Loja. Palacio quiso plasmar en su monumento, por tanto, otro aspecto de Bolívar, menos militar y, en cambio, más circunstancial y estadista, si cabe decirlo así. En su travesía por los andes ecuatorianos para llegar hasta Cuenca tenía que cambiar su vestimenta para movilizarse con mayor facilidad, como Palacio lo recalca: “Porque para atravesar un páramo no podía hacerlo con el uniforme y la capa de generalote”. Bolívar viste aquí una ruana y porta unos papeles, lo cual, en mi opinión, habla de su rol como estadista y de su proyecto de la Gran Colombia. El único elemento militar es un cañón.

Foto: Jaime Flórez Meza
Soledad, contemplación, silencio
La Casa de la Cultura del Ecuador, núcleo Azuay, trajo a Cuenca esta exposición de Palacio que reúne una gama de bajo relieves que recrean motivos y mitos amerindios, como el caso de su serie Medallones (en uno de los cuales incluyó algunas figuras griegas) y de su díptico Precolombino. Caso aparte es la imagen de Vicente Rocafuerte, segundo presidente constitucional de Ecuador y el primero de nacionalidad ecuatoriana tras el gobierno del general venezolano Juan José Flores. En su presidencia se promulgó la segunda constitución de la república.
El maestro Palacio tiene tres hijos y reside actualmente con su esposa en la ciudad costera de Salinas. Su muestra estará abierta en Cuenca hasta el 10 de mayo de 2024. Invito, pues, a contemplar en silencio algunas de sus imágenes, fotografiadas por Felipe Serrano Rodríguez.












