El maestro Jorge España al lado de una de sus obras en su taller de Cuenca, Ecuador

Texto y fotos: Jaime Flórez Meza
Visitar la casa-taller del artista plástico ecuatoriano Jorge España (Cuenca, 1954) es un regalo para los sentidos. Se encuentra uno con una gama variopinta de colores, texturas, volúmenes y materiales. Y de seres en sus soledades, en sus encuentros y desencuentros, o en otras dimensiones: cósmicas, arqueológicas, ancestrales: “Me ha gustado la parte arqueológica, la parte histórica, los mayas, los aztecas, todas esas civilizaciones que me han llevado a soñar con la memoria. Entonces aquí dice, por ejemplo: ‘como los amantes que han yacido bajo la arena ardiente, conscientes de su desenlace, solo esperan llegar despiertos a la eternidad, allá donde amar no es prohibido’. Un poco así, títulos grandes, reflexivos”, cuenta a propósito de una de sus obras en la que recrea una leyenda incaica.

España estudió en la Escuela de Bellas Artes de Cuenca y también realizó estudios de diseño en Bucaramanga, Colombia. Sin embargo, se considera más un autodidacta. “Yo trabajé de muchacho en una platería, Narváez, la de las medallas, los dueños eran colombianos”, dice para explicar la influencia que han tenido los metales en su obra escultórica, como es el caso de su trabajo sobre la fauna de las islas Galápagos.
Me habla luego de una fiesta ecuatoriana que se conoce como “la Diablada de Píllaro”, en la provincia de Tungurahua, semejante a las tradicionales diabladas andinas (como las de Oruro en Bolivia y Puno en Perú) que, según parece, se remontan a tiempos precolombinos, pudiendo con el correr del tiempo sincretizarse con celebraciones católicas. Esta fiesta se lleva a cabo del 1 al 6 de enero en el cantón Píllaro de la mencionada provincia. En su pintura España quiso hacer una abstracción en la que se aprecie el movimiento, el colorido y la parte ritual de esa festividad.

Es muy interesante también la génesis de otro de sus lienzos, Pájaros soldados, del cual dice: “Esta es una experiencia un poco rara. Cuando yo tenía aquí una planta de higos, comía yo y comían los pájaros, pero me tocó cortar esa planta porque tenía que hacer el muro, justo estaba en el límite de la propiedad. Entonces, cuando corté, a unos tres, cuatro días los pájaros me venían a insultar”; y con su voz imita el ruido que hacían las aves. “Era el mirlo y el chugo amarillo. Entonces, yo me di cuenta de que esto ayuda, ellos son los dueños de esto. Y por eso le puse Pájaros soldados, como en defensa de su hábitat. Estaban bravos porque yo les hice daño”.

Y en este sentido cuenta que cuando la Asamblea Nacional del Ecuador le compró unas obras de colibríes, tenía que hacer una reflexión teórica sobre el significado sagrado de las aves en distintas culturas aborígenes latinoamericanas. En las andinas ecuatorianas, por ejemplo, el colibrí es símbolo de fecundidad y pureza.
En su obra España también ha usado materiales naturales como la arena y el cemento para crear, en algunos casos, una suerte de collages, como en el caso de la mencionada leyenda incaica. Y en su trabajo escultórico emplea metales como el cobre y el hierro. Sobre esos conjuntos escultóricos que elabora para una galería de las islas Galápagos, explica que han sido el fruto de un largo y cuidadoso estudio de observación y procedimiento para captar todos los detalles de esa exuberante y única fauna insular que ha deslumbrado a tantos científicos y visitantes de todo el mundo.

Además de exponer sus obras en el Ecuador Jorge España también ha realizado muestras individuales y colectivas en Colombia, Perú, Estados Unidos, Bélgica, Francia y Luxemburgo, entre otros países. Con 54 años de trayectoria sigue creando sus mundos de formas diversas (abstractas, cubistas, figurativas, expresionistas), representando en ellos soledades, relaciones duales y grupales, y otras vitalidades como las de la fauna marina; pero, en cualquier caso y como él mismo recalca, con una visión humanista, ancestral y cósmica. De su obra pudiera decirse que combina vigorosamente las tres experiencias de las que hablara el filósofo ecuatoriano (naturalizado mexicano) Bolívar Echeverría en torno a la voluntad de forma en el barroco: la estética, la lúdica y la festiva. Así que lo mejor es seguir regodeándose con su obra en sus detalles.









