Texto: Jaime Flórez Meza    Fotos: Felipe Serrano Rodríguez

Recientemente tuve la oportunidad de hacer la curaduría de una exhibición artística en la ciudad de Cuenca, Ecuador. Y no siempre es posible para un curador poder dialogar ampliamente con los artistas para concertar lo que es el concepto o título curatorial de la muestra, esto es, su contenido en pocas palabras para dar cuenta de lo que el público va a ver. “El objetivo principal puede ser el trabajo de un artista en particular, una cierta tendencia o fenómeno creativo, o un tema de interés creciente (social, político, ambiental, histórico u otro) que el curador ve reflejado en el trabajo de los artistas visuales” (EVE Museos + Innovación, El Ejercicio Curatorial Contemporáneo). Puedo decir que en la experiencia a la que me refiero se combinó, por una parte, la observación directa y participante del trabajo de dos artistas cuencanos; y, por otra, la detección y conceptualización de un tema sociocultural y ambiental articulado, de alguna manera, en ambas propuestas: la idea de patrimonio.

Un fotógrafo, Felipe Serrano Rodríguez, y un diseñador gráfico, Pablo Chalco García, me dieron a conocer, pues, su trabajo. De antemano conocía una parte del trabajo del primero y nada del otro. Y a través de la observación y el diálogo con ambos surgió la idea de nombrar ese conjunto de imágenes como patrimonio salvaje, que era una inquietud que el propio Chalco ya traía previamente: así es como él veía sus ilustraciones fantásticas y distópicas del centro histórico de Cuenca, incluido en el listado de patrimonio arquitectónico de la UNESCO; imágenes, dicho sea de paso, cercanas al mundo del comic contemporáneo, empleando técnicas de la ilustración 2D y 3D y el collage.

En el caso del trabajo de Serrano ya teníamos claro que lo suyo era la fotografía documental, que evidentemente tiene un carácter realista y está imbricado, en cierto modo, entre el foto-periodismo, la foto-ensayo y la fotografía artística.  En las fotografías que Serrano me enseñó su interés estaba en el mundo rural cercano a Cuenca y, en cualquier caso, perteneciente a la provincia del Azuay: casas campesinas abandonadas, otras habitadas, lugareños en sus actividades y ocupaciones cotidianas (algunas en vías de extinción), entorno ambiental, insectos, animales domésticos, plantas. Todo eso constituye otro patrimonio, tradicional y cultural por un lado y natural o agreste por otro. Rústico. ¿Formaría parte, en algún sentido, de ese “patrimonio salvaje” que imaginaba Chalco?

Lo cierto es que el contraste entre ambas propuestas artísticas era notorio. Y los puntos de convergencia escasos, por no decir que inexistentes. Sin embargo, la idea de lo patrimonial —amplificada, transgredida y cuestionada— gravitaba en ellas. De una manera fantasiosa e iconoclasta en las inquietantes ilustraciones de Chalco; de una manera armónica, consuetudinaria, bucólica y calmada en las de Serrano. Justamente, para la presentación de su trabajo en la apertura de esta muestra, Serrano escribiría lo siguiente:

“No existen elementos que construyan mejor la vida que lo cotidiano, dicho de algún modo, la vida es lo cotidiano, es lo orgánico, lo que se mueve, lo elemental, lo que hacemos cada día; y lo que hace cada día esta humanidad cotidiana, es tan solo vivir. Lo más común y simple, y que a mí, aún como necio me maravilla y que lo hago, es tratar de atrapar los instantes de la vida, y atrapando imágenes es que descubro otros sentidos y significados: vitales, efímeros, únicos y preciosos. […] Lo mío es hacer capturas de imágenes de la vida en lo cotidiano, es devolver a quienes ven la vida diariamente expresada en lo común, detenidamente en mi fotografía, lo simple del amor. Cada una de ellas, a más de la imagen atrapada, está llena de la fuerza y la pasión, que yo simplemente las guardo para ustedes”.

Y así llegamos a la idea de que esa realidad documental se veía confrontada por las ficciones de Chalco, dando lugar a una suerte de “realidad disruptiva”. Ese fue el subtítulo que se le dio al lema de la exposición: “Patrimonio salvaje – Realidad disruptiva”. Presento aquí, por tanto, la breve tesis curatorial que elaboré a partir de esos criterios y diálogos:

“Las palabras, o mejor, las definiciones de las cosas, a veces resultan limitantes. La noción de patrimonio, por ejemplo, que en su raíz alude a algo de carácter masculino (patriarcal, patriarcado, padre…), se ha limitado a los bienes económicos, históricos, familiares y, ciertamente, arquitectónicos, así como a los de carácter inmaterial y cultural (por cierto, nada más complejo de definir, a veces, que la cultura). Igual ocurre con otro concepto problemático como es el de realidad, en tanto se puede argumentar que no corresponde estrictamente a lo real e inmanente, sino, más bien, a una construcción, tanto individual como social, de lo existente, de lo otro, pero también de lo individual, de lo propio. Sin embargo, hoy ya es habitual redefinir, cuestionar, revaluar y, en cualquier caso, problematizar nociones que se daban por sentadas, para ampliarlas y expandirlas.

En este sentido, lo patrimonial también ha empezado a incluir otros aspectos de esa realidad económica, histórica, social, arquitectónica y cultural extendiéndose, por una parte, a lo natural, a la biodiversidad, al medio ambiente. Y, por otra, a aquello que de alguna manera se refiere a lo tradicional como forma de vida humana aparentemente opuesta a la modernidad. De ahí que esta exposición que hemos nombrado como “Patrimonio salvaje” sea una provocación y una inquietud que quisiéramos dejar en ustedes cuando contemplen estas imágenes. Que corresponden a dos mundos, a dos visiones de la realidad desde la fotografía y el dibujo. De un lado está Felipe Serrano con sus imágenes captadas mayormente en zonas rurales de la provincia de Azuay, explorando viejos elementos de viviendas campesinas; lugareños en distintas faenas, con sus gestos, miradas, compañías y soledades; un mundo agreste, natural y silvestre. Hay en su trabajo una armonía, un orden y un designio en el que lo salvaje y lo disruptivo pueden estar, en ciertos momentos, sutilmente presentes.

En contraste, las ilustraciones delirantes, fantasmagóricas y grandilocuentes de Pablo Chalco claramente subvierten lo patrimonial con sus reinvenciones de templos, edificios y conjuntos arquitectónicos emblemáticos de Cuenca, superponiendo elementos del comic, el diseño gráfico, la animación 3D y el grafiti, entre otros, creando otra realidad que pareciera ser más propia de la ciencia ficción”.

Pablo Chalco García es diseñador gráfico por la Universidad de Cuenca, profesor de educación cultural artística y matemática, tallerista y mediador en la Galería Chalco. Es hijo del destacado pintor cuencano Jorge Chalco. Se desempeña como ilustrador 2D y 3D, y es gestor cultural e investigador independiente.

Sobre el trabajo fotográfico de Felipe Serrano Rodríguez elaboré un reportaje para estas mismas páginas en marzo de este año:  https://conexionnortesur.com/2024/03/19/la-fotografia-documental-de-felipe-serrano-rodriguez/.

“Patrimonio salvaje – Realidad Disruptiva” estuvo abierta en Cuenca del 12 de abril al 12 de mayo de 2024 en el Museo de Historia de la Medicina.