Vista externa de la Tabacalera, rincón lúdico del Madrid artístico

Quien se acerca a la Tabacalera, uno de los espacios lúdicos más hermosos de Madrid, se encontrará con la vida llena en una vasija, dentro de una culebra o entre una vocal repetida una y mil veces. En su interior se pueden apreciar los laberintos de la felicidad y la compañía de la soledad entre chatarras nostálgicas y pájaros que vienen del futuro cargados de pasado. Y gente, claro, mucha gente, el arte que camina, suspira, bebe y fuma tratando de reseñar su anónima biografía en una pared.

Y en el exterior, en las paredes de ese viejo edificio, nos encontraremos con los colores del vacío y el vacío de los colores; la música de los colores y los colores de la música; trazos de un pedazo de destino y el destino de un trazo, de una raya, de un punto, de un volumen, de una textura, pero sobre todo el testimonio de que estuviste ahí comulgando con la pared y respirando el vaho peninsular de lo que puede ser. La Tabacalera es un lugar donde acudimos a disolver el «yo» entre sombras dobladas y esquinas rectas que se parecen mucho a la cotidianidad de la vida.

Desde lejos, como estos muros que respiran emociones y deseos, nos vemos y nos sentimos arte al estar a su lado. Es como llegar a uno mismo desde un remoto paraje a donde hemos huido ante la perspectiva de vernos reflejados en un muro. Y por qué no decirlo, también acudimos a dejar una huella, la que hemos trazado en silencio y también con la gran esperanza de que el monstruo del mercado tenga por fin su propia tumba donde pueda florecer la vida de la mano del arte.

Con estas fotos y estas palabras les deseo a todos y todas los que de una u otra forma hacen parte de conexionnortesur.com el mejor camino para llegar al sitio que cada uno haya elegido.

ARTURO PRADO LIMA

FOTOGRAFÍA: ARTURO PRADO LIMA