Gaudí hizo de esta obra colosal, la Sagrada Familia, un auténtico laboratorio de experimentación y creación, trasladándose a vivir junto a la obra en su estudio de trabajo.

“El arquitecto es el hombre sintético, el que es capaz de ver las cosas en conjunto antes de que estén hechas”

Antoni Gaudí: Texto y fotografías / Jaime Flórez Meza

Antoni Gaudí i Cornet (1852-1926) es uno de los más extraordinarios arquitectos de la historia. Nacido en Reus, en la provincia catalana de Tarragona, Gaudí se trasladó a Barcelona en 1870 para iniciar sus estudios de arquitectura. Debido a la heterodoxia, irregularidad académica y genialidad que desde temprano manifestó, el director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, Elias Rogent, dijo cuando el joven culminó sus estudios en 1878: “No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá”.[i]

Ecléctica es una palabra adecuada para definir la obra gaudiniana en su conjunto: Gaudí bebió de distintas fuentes arquitectónicas y culturales (clásica, medieval, renacentista, barroca), técnicas y oficios (artesanía, cerámica, escultura, ebanistería, forja, vidriería, decoración, rejería), estilos artísticos (mudéjar, bizantino y gótico, entre otros) y tradiciones arquitectónicas de pueblos del cercano y lejano oriente. Pero, por encima de todo y como el propio Gaudí afirmaba, su mayor fuente de inspiración era la naturaleza, como se podrá apreciar.

Si el eclecticismo es un rasgo fundamental del modernismo arquitectónico, Gaudí lo llevó a un nivel de creación que resulta único, original e inigualable. No obstante, el profesor y escritor español César García Álvarez afirma que la obra de Gaudí se resiste a ser enmarcada en el modernismo: “los arquitectos modernistas, y los pintores y decoradores, fueron de una superficialidad extremada en la imitación de las formas de la naturaleza”.[ii] Ciertamente, Gaudí fue mucho más lejos que todos ellos al lograr articular y disolver esas formas en la materia con una combinación de singularidad, racionalidad y simbología que resultan asombrosas. Otro analista, por su parte, observa que “aunque la creación gaudiniana desborda el marco de reconocimiento del modernismo, este sigue siendo una referencia incontestable en el estudio contextual de la obra del catalán”.[iii]

Siguiendo a García Álvarez, más que un arquitecto modernista Gaudí fue un romántico que se vio “asaltado” e “impelido” en su obra por dos pares de fuerzas o polos aparentemente contrarios: por una parte, naturaleza y geometría; por otra, imaginación y espiritualidad. La síntesis de esa lucha creadora parece anidar en cada una de sus obras, en una búsqueda al tiempo febril, racional, natural y espiritual de la obra arquitectónica concebida como una totalidad. “Recuperando la figura del maestro de obras medieval, trabajó siempre al pie de las mismas, controlando en todo momento el proceso de construcción”.[iv]

Un reciente viaje a Barcelona durante el cual el cronista pudo visitar cinco obras del insigne arquitecto catalán es la excusa para presentar esta pequeña sinopsis y visión de la obra gaudiniana.

La Casa Vicens

Tan pronto Gaudí se graduó como arquitecto recibió muchos encargos, siendo el principal de ellos el de la Casa Vicens, que le fuera confiada por el corredor de cambio y bolsa Manuel Vicens i Montaner como segunda casa veraniega de su familia, toda vez que el predio estaba ubicado en la antigua villa de Gracia, próxima a Barcelona (en 1897 la villa fue incorporada a la ciudad y actualmente es uno de sus diez distritos). Gaudí elaboró el proyecto entre 1878 y 1880, iniciando la obra en 1883 y concluyéndola en 1885. Está enmarcada en el llamado período orientalista de Gaudí y fue ampliada en 1925 por uno de sus discípulos, el arquitecto Joan Baptista Serra de Martínez. En 2005 fue incluida por la Unesco en su lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Ubicada en el barrio de Gracia —remontando el famoso paseo del mismo nombre donde se encuentran otras dos grandes obras de Gaudí—, Casa Vicens está en la Calle de las Carolinas. Pese a ser considerada la primera gran obra del arquitecto catalán, recién pudo ser abierta al público el 16 de noviembre de 2017.

Fuente y tribuna de la casa

Un rasgo importante presente no solo en Casa Vicens sino en el conjunto de la obra de Gaudí es su concepción escultórica de la obra arquitectónica: “Su forma de concebir la arquitectura no tiene explicación si no se considera desde un punto de vista casi exclusivamente escultórico. En efecto, sus edificios son esculturas monumentales, minuciosamente estudiadas, con una extraña mezcla de fantasía desbordada, simbolismo y fabuloso rigor matemático”.[v]

Fachada posterior

El Parque Güell

A medida que el prestigio de Gaudí aumentaba, sus obras se hacían cada vez más grandes y ambiciosas. Una de ellas es el Parque Güell, encargado por el industrial y comerciante catalán Eusebi Güell, gran amigo y mecenas de Gaudí. Se conocieron en 1883 por intermedio de Joan Martorell, profesor de Gaudí y para quien trabajara en su estudio (Gaudí siempre lo consideró su maestro). Güell pertenecía a la alta burguesía catalana y compartía con Gaudí el gusto por las artes. Gracias a Güell o por encargo directo de éste Gaudí pudo realizar obras como El Capricho de Comillas (1883-1885), la portada de la finca Güell y el Palacio Güell (ambos entre 1883 y 1890), la Cripta de la Colonia Güell y el famoso parque realizado entre 1900 y 1914.

Teatro Griego o Plaza de la Naturaleza

Fue éste el mayor encargo que Güell hiciera a su admirado amigo. El industrial había adquirido una finca de 17 hectáreas en la ladera sur de la Montaña Pelada, hoy monte Carmelo, en Barcelona, y su propósito era edificar un parque residencial al estilo de los parques-residencia ingleses, el cual constaría de sesenta viviendas que se venderían a familias acaudaladas, ocupando con ellas 15 hectáreas. Sin embargo, el proyecto urbanístico no pudo desarrollarse y solo se construyeron dos viviendas. La posteridad habría de agradecer que dicho proyecto inmobiliario fracasara para que el mundo pudiera apreciar un bellísimo espacio público en el que Gaudí exteriorizó lo mejor de su período naturalista de la primera década del siglo XX.

 

La Escalinata del Dragón

Gaudí diseñó el proyecto general, no las viviendas, y la concepción global del mismo parece estar inspirada en el templo de Apolo en Delfos, particularmente por la Sala Hipóstila o de las Cien Columnas, que en realidad contiene 86 columnas dóricas de tipo arcaico: “se considera que estamos ante una recreación del santuario de Apolo en Delfos; la fuente, el dragón y el trípode pueden referirse a él”.[vi]

 

Sala Hipóstila presidida por el trípode y el dragón

La Sala Hipóstila sostiene una gran explanada o plaza cuyo fascinante banco serpenteante de 110 metros de largo hecho en trencadís (técnica que consiste en elaborar mosaicos abstractos o figurativos a partir de trozos de cerámica, vidrio, mármol o piedra) se completó en 1914, y es uno de los espacios más concurridos por los visitantes debido a su atractivo y a las estupendas vistas que ofrece de Barcelona.

Detalle del trencadís en la Plaza de la Naturaleza

Tanto Gaudí como Güell se trasladaron a vivir en el parque en 1906 y 1907, respectivamente. Gaudí vivió en una de las dos viviendas que se construyeron, en compañía de su padre y de su sobrina Rosa, mientras que Güell habitó una casa solariega ya existente en el enorme lote, hasta su muerte en 1918. Sus herederos ofrecieron en venta el parque al Ayuntamiento, que lo adquirió en 1922 y lo abrió como parque municipal en 1926. La Unesco lo declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1984.

Detalle de uno de los viaductos del parque

La Casa Batlló

El inagotable talento y la capacidad de trabajo de Gaudí le permitían desarrollar proyectos a muy largo plazo como el del Parque Güell o el más osado de todos como lo fue el de la Sagrada Familia. Sin embargo, sus obras de edificios de vivienda se ejecutaban en plazos no muy extensos si se tiene en cuenta la magnitud de tales trabajos.

Detalle de la fachada de Casa Batlló

En 1904 Gaudí fue elegido por el industrial textil Josep Batlló i Casanovas para los trabajos del edificio que había adquirido el año inmediatamente anterior, el cual, por cierto, había sido construido por uno de los profesores de Gaudí, Emilio Sala Cortés, en 1877. Aunque el deseo de Batlló era que se demoliera la edificación para levantar otra completamente nueva, Gaudí no lo hizo y, por el contrario, haciendo uso de la total libertad creativa que el industrial le había otorgado, realizó una audaz reforma integral: dio rienda suelta a la imaginación y al naturalismo de que estaba fuertemente imbuido por estos años y, aprovechando lo existente, lo transformó radical y artísticamente. Se ha querido ver en la fachada ondulante de Casa Batlló una reminiscencia del mar que está, además, acompañada de máscaras o calaveras y formas óseas. Otros ven en ella el lomo de un dragón en alusión a la leyenda de San Jorge y el dragón que, en Cataluña, como en muchos otros pueblos y países, tiene su versión y culto local: Sant Jordi es el patrón de Cataluña.

“Gaudí dejó la impronta de ese animal fabuloso y de su leyenda: las escamas del dragón recubren la azotea; la espada de san Jorge sobresale del tejado; en el balcón superior una flor alude a la princesa, y hay calaveras en algunos balcones –las víctimas del supuesto monstruo– y columnas en forma de huesos en la tribuna. En el vestíbulo, los remates de la escalera recuerdan el espinazo de la cola del animal abatido. Y en el desván, la sala de arcos catenarios evoca la caja torácica de la execrable bestia”.[vii]

El interior de Casa Batlló es, como puede notarse, fascinante. Algunos han querido ver en él una evocación de Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne. El jardín interior y la azotea, con sus cuatro conjuntos de chimeneas, son también espléndidos. Gaudí supo combinar en todo el edificio arte y funcionalidad y elaborar una obra que, al decir de algunos, sí es totalmente modernista.

 

Situada en el número 43 del Paseo de Gracia, Casa Batlló conforma junto a sus cuatro edificios vecinos (Casa Amatller, Casa Lleó Morera, Casa Mulleras y Casa Josefina Bonet) lo que se conoce como “La Manzana de la discordia”: cinco joyas arquitectónicas de la Barcelona modernista que en su momento rivalizaron por los premios urbanísticos convocados por el Ayuntamiento. Se dice que Lluís Domènech i Montaner, arquitecto de Casa Lleó Morera, era enemigo absoluto de Gaudí.

Casa Batlló abrió sus puertas al público en 1995 (en 1993 fue adquirida por la familia Bernat) y desde 2005 figura en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad, de la Unesco.

La Casa Milà

Conocida como La Pedrera, fue ésta la última obra civil de Gaudí. Su diseño y construcción tomó seis años (1906-1912) y le había sido encargada por la pareja conformada por el empresario Pere Milà i Camps y Roser Segimon como casa señorial, para habitar el piso principal y alquilar el resto del conjunto. Por otra parte, se trata de la obra más polémica en su concepción, diseño y construcción, y la más amarga para Gaudí por los problemas que hubo de enfrentar con el Ayuntamiento y los mismos propietarios por cuestiones legales, administrativas, presupuestarias y estéticas.

Gaudí no acostumbraba a trabajar con planos sino con maquetas; solo elaboraba planos para cumplir con requerimientos urbanísticos. Pero esta vez su proyecto excedía las normas contempladas en las ordenanzas del Ayuntamiento en cuanto a uso del espacio de la acera, altura y anchura del edificio, mientras que las expectativas del matrimonio contratante, particularmente de Roser, no parecían apoyar la total libertad creativa y financiera a la que estaba acostumbrado el afamado arquitecto. Debido a esto los trabajos sufrieron retrasos, demandas y suspensiones, y Gaudí renunció a la obra en 1909 por desacuerdos con los Milà en lo referente a la decoración interior. La disputa con el Ayuntamiento, que había emplazado a Gaudí a eliminar una columna que ocupaba un espacio peatonal en la acera y, lo que era peor, el desván y la azotea, finalmente se resolvió en diciembre de 1909 cuando la Comisión de Ensanche acordó hacer una excepción legal a las dimensiones del edificio por tratarse de una obra de carácter monumental. Esta feliz disposición, sin embargo, le costó a los Milà 100.000 pesetas por gestiones de legalización.

Detalle pictórico de uno de los vestíbulos

El impase ocasionó que la pareja tuviera problemas con el pago de los honorarios de Gaudí, que ascendían a 105.000 pesetas. El arquitecto se vio obligado a llevar a juicio al matrimonio, ganó el pleito y Roser tuvo que hipotecar la casa para poder pagarle. Gaudí, que era un ferviente católico, donó el dinero a un convento de monjas. Como ya se dijo, también hubo discusiones internas de índole estética: a Roser nunca le gustó la decoración y mobiliario de su apartamento, por lo cual tras la muerte de Gaudí en 1926 los hizo cambiar por un estilo más clásico. “Esta renovación consistió en derribar 532,50 m2 de cielos rasos y realizar obra nueva diseñada por el decorador Modest Castañé i Lloret”.[viii]

Una parte del gigantesco desván donde ahora funciona el Espacio Gaudí

A pesar de esta engorrosa historia, La Pedrera es una de las obras más sugestivas, innovadoras y, si se quiere, transgresoras de Gaudí; otra obra de arte vivo, total y orgánico que, por otra parte, también contiene una decoración pictórica que estuvo a cargo de Aleix Clapés, pintor simbolista que realizó una serie de murales con temas mitológicos en los vestíbulos. En su conjunto, La Pedrera no es solo una obra que se aprecia, sino que se vive y experimenta, pues para Gaudí una obra arquitectónica tenía que ser como un organismo vivo.

Conjunto escultórico de la azotea

En 1984 la Unesco declaró la Casa Milà como Bien Cultural del Patrimonio Mundial “por su valor universal excepcional”.[ix] A partir de 1987 se abre al público parcialmente (solamente la azotea con sus enigmáticas esculturas) y desde 1996 casi en su totalidad.

La Sagrada Familia  

“La originalidad consiste en el retorno al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones”

Antoni Gaudí

Detalle de la fachada del Nacimiento que muestra parte del conjunto escultórico realizado por Jaume Busquets

Hace 140 años se colocó la primera piedra para la construcción del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Sin embargo, el proyecto del primer arquitecto de la obra, Francisco de Paula del Villar, no se realizó tras ser destituido éste en 1883 por motivos técnicos concernientes al costo de los materiales. Fue así como el influyente arquitecto Joan Martorell, de quien se dice que no consideraba válido el proyecto de Villar, propuso a su discípulo Antoni Gaudí como el más digno sucesor. Gaudí transformó completamente el proyecto y lo convirtió en la obra de su vida, su más ambiciosa y amada creación.

Sobre la concepción misma del templo, el citado profesor García Álvarez comenta que Gaudí, que buscaba siempre representar en sus proyectos distintos niveles de metáforas, logró plasmar en la portada principal, entre otras cosas,

“la sublimación de una planta muy presente en Cataluña, el crespinell o planta pobre, se le llama así, que hubo de impactar a Gaudí hasta el punto de que las torres de la Sagrada Familia son al mismo tiempo báculos de obispo, son colmenas, son tubos de órgano, son helicoides, son rampas ascensionales inspiradas en las visiones de Santa Teresa, son esta humilde planta… son todas esas imágenes fundidas, mediante el símbolo, en una forma arquitectónica. De ese modo, la siempre llamada catedral de los pobres representa también la transubstanciación, simbólica, de una planta pobre”.[x]

En opinión de un experto, con la Sagrada Familia Gaudí fue “capaz de concebir la obra maestra —la única obra maestra— del modernismo universal (…). Gaudí, maravilloso dibujante (…) modelaba los edificios como se modela una escultura”.[xi] Aunque es éste uno de los historiadores del arte que considera a Gaudí un arquitecto inequívocamente modernista —como por ejemplo en el uso, delirante a su juicio, de las ornamentaciones—, valora de manera especial “su técnica sapientísima, que le hacía inventar estructuras insólitas y ensayar con éxito, motivado por el extremo rigor de sus cálculos, nuevos sistemas. Por esto Gaudí está universalmente acatado como el precursor de la nueva arquitectura”.[xii]

Detalle de la fachada de la Pasión con algunos de los grupos escultóricos elaborados por J. M. Subirachs

Se ha dicho también que la Sagrada Familia es la obra magna de Gaudí; aquella a la que dedicó la mayor parte de su vida: 43 años estuvo involucrada en ella, desarrollando paralelamente muchos otros proyectos, y de manera exclusiva los últimos catorce años, desde 1912 hasta su muerte en 1926. Gaudí hizo de esta obra colosal un auténtico laboratorio de experimentación y creación, trasladándose a vivir junto a la obra en su estudio de trabajo (Gaudí acostumbraba instalar un taller para cada obra). Como arquitecto integral y ecléctico, Gaudí también “diseñó el programa iconográfico y las esculturas, estas a partir de modelos humanos reales para que resultasen más naturales. Encontramos referencias a la Natividad, los Reyes Magos, la naturaleza, la simbología astrológica, cipreses policromados y palomas de alabastro que simbolizan almas salvadas”.[xiii]

Detalle del interior del templo

De la realización de los conjuntos escultóricos de las fachadas del Nacimiento y de la Pasión se encargaron, respectivamente, los escultores Jaume Busquets y Josep Maria Subirachs. En 2005 la Unesco declaró la fachada del Nacimiento y la cripta del templo parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.  La finalización de lo que resta del templo (aún faltan, por ejemplo, dieciocho columnas diseñadas por Gaudí) sigue siendo incierta, debido a la desfinanciación que provocó la pandemia de Covid-19. Pero es probable que a finales de la presente década se pueda lograr.

 

[i] “Biografía de un genio”, Casa Batlló Gaudí Barcelona, https://www.casabatllo.es/antoni-gaudi/

[ii] César García Álvarez, “El universo simbólico de Gaudí”, conferencia, VII Encuentro Arte Pensamiento, Fundación CajaCanarias, https://www.youtube.com/watch?v=Ar9QWhXnyiM

[iii] José Luis de la Nuez Santana, reseña del libro Gaudí, símbolos del éxtasis, de César García Álvarez, revista De Arte, 18, 2019, p. 289.

[iv] “Antoni Gaudí, eclecticismo y biología”, masdearte.com, http://masdearte.com/especiales/antoni-gaudi-eclecticismo-y-biologia/

[v] Guilllermo Giráldez, “Evolución de la arquitectura”, Universitas, t. 20, 6ª. ed., Barcelona: Salvat, 1962, p. 178.

[vi] “Antoni Gaudí, eclecticismo y biología”, op. cit.

[vii] “La leyenda de San Jorge y el dragón”, National Geographic, https://historia.nationalgeographic.com.es/a/ leyenda-san-jorge-y-dragon_12574

[viii] “Arquitectura. Las innovaciones arquitectónicas de La Pedrera”, La Pedrera – Casa Milà, https://www.lapedrera.com/es/la-pedrera/arquitectura-gaudi

[ix] Ibíd.

[x] César García Álvarez, op. cit.

[xi] Marqués de Lozoya, “Arte contemporáneo en España e Hispanoamérica”, Universitas, t. 19, 6ª. ed., Barcelona: Salvat, 1962, p. 128-129.

[xii] Ibíd., p. 129.

[xiii] “Antoni Gaudí, eclecticismo y biología”, op. cit.