Inicio LETRAS MIGUEL IRIARTE: LA POESÍA, ESA LOCA DE LA CASA

MIGUEL IRIARTE: LA POESÍA, ESA LOCA DE LA CASA

Escribe: Arturo Prado Lima

(Vídeos, textos y fotos: APL)

La Semana Santa de mi boca” es un libro del poeta colombiano Miguel Iriarte, a cuya lectura tuve oportunidad de asistir, en un precioso lugar: el Big Tree Books de Madrid, presentado por la poeta barranquillera Lilian Pallares. Pocas veces se encuentra a una persona hablando de la Semana Santa en términos sensuales, festejables y hasta provocadores como lo hace Miguel Iriarte utilizando a la loca de la casa, la poesía, como mensajera de aquello que el poeta siembra y cultiva, cosecha y se nutre después de auscultarse a sí mismo y disolverse en la sal de los mares que lo rodean.  En el sur, a la Semana Santa de Popayán, la llamaban la “Parranda Santa”, porque era, (¿O es?), el periodo en que más se consume licor en esa zona.  Algunos dicen que es la razón por lo que Dios envió el terremoto en 1983. A mí, también valiéndome de la loca de la casa, la poesía, no se me ocurrió otra cosa que comparar aquel movimiento tectónico devastador con un orgasmo de primer orden. En efecto, una pareja llega al clímax cuando se produce el terremoto y cree que los cuadros que caen, las paredes que ceden, el piso que se hunde, el grito de los vecinos y el rugir de la tierra son producto de ese orgasmo celestial, uno de los momentos más sagrados de la creación humana. Es decir, “el intenso dolor entre la belleza y el terror”, de que habla Miguel en el primer poema del libro: El Mar que todo significa. Mi cuento se llama “Un terremoto de amor en Popayán”, y aparece en mi último libro publicado por Caza de Libros, de Ibagué, Colombia: La Rubia de Hamburgo.

Miguel, con su hurgar en silencios alborotados por la curiosidad intensa que es el camino más corto hacia la creación, se mete de lleno a poetizar la vida, la cotidianidad, el más allá y el más acá abriendo puertas y ventanas de uno de los eventos más respetables de los católicos: la Semana Santa, el santo sacrificio, la santa tortura, el santo asesinato para salvar del pecado a la humanidad.

Pero se ve envuelto en “unas guerras constantes de poderosas sinrazones para explicarnos”, lo que él ve “en la noche del mar y en el agua de la noche”. Pues nadie está en capacidad, hoy en día, de explicar en qué movimiento del mar pierde la fe o extravía los sueños para siempre y se dedica a sobrevivir, a salvarse de las masacres, como sucede en Colombia. En aquel suceso cósmico hay un extravío y una vía para salir o para entrar, y esa vía es la que Miguel Iriarte encuentra al final en un rincón de la habitación cósmica:

“Pero eres tú: la poesía.

Mi loca de la casa.

Por la que todavía tengo los pies

sobre el camino”

El mar, la sal, la mujer debajo de la ropa, la aldea de Salgar, las vírgenes del sol y de la tierra, las noches antiguas, el miedo, la soledad, el olor de lo olvidado en otras causas pasan por los poemas de Miguel cuando ella, la virgen deseada, tiene el amor, mientras él pesca en la memoria, se asila en las nubes y se bebe la muerte de los soles que él mismo ha creado con la magistral palabra hecha carne, también, en la memoria.

Es bello encontrar poemas bien hechos en los tiempos en que nada está bien: “nada está nada bien/ Nada parece estar/ en el orden en el que tiene que pasar/ las cosas en el mundo”. Entonces viene la solución: “Por eso sueño/ Para ordenar la defectuosa realidad de no tenerte”.  Poemas que incitan al regreso, a escribir el dolor. A escuchar con atención las letanías para salvar el goce, a vivir los Sábados de Gloria, a inventar otras Magdalenas a la orilla del río cuando uno se sienta arrancado del mundo del amor y la aventura.

He estado en la última lectura de poemas de Miguel Iriarte, como ya lo he dicho, y he grabado algunos de sus poemas. Este, por ejemplo, esta «sensualidad de piernas desatadas»:

«Si ella se ve feliz/ prometo que me pondré a rezar, aunque no sepa», y a capturar el olor de los pescados en la playa, el aroma del deseo seco detrás de la puerta. Mejor,  escuchemos a Miguel:

Balada del Mar que no te ha visto. Los  pedazos de muelles, el sol, el viento, la podredumbre, y sobre todo ello el amor, un Jueves Santo, la búsqueda del lugar donde duelen las cosas, tatuajes, y por ahí esa gota de agua donde el mar se ahoga y el flotar de sus huesos en la arena y la sal hace de estos poemas un recorrido por la sangre de nuestras aldeas, nuestros océanos, nuestros sueños y nuestras pesadillas. Ha sido un placer escucharte Miguel.

MIGUEL IRIARTE

Sincé (Sucre), Colombia. Poeta, periodista cultural, ensayista, gestor cultural e investigador cultural. Ha sido Director del Instituto Distrital de Cultura de Barranquilla; Secretario Departamental de Cultura y Patrimonio del Atlántico; cofundador y co-director del Festival Internacional de Jazz de Barranquilla, Barranquijazz; director de la Biblioteca Piloto del Caribe de Barranquilla; catedrático de Crítica Literaria de la Universidad del Atlántico; catedrático de Semiótica y Comunicación de la Universidad del Norte; director-editor de la revista de investigación, arte y cultura víacuarenta; co-fundador y director del Festival Internacional de Poesía en el Caribe, PoeMaRío; director del programa radial sobre fenómenos del libro y la lectura RadioGrafías de la Palabra; columnista cultural del Portal Las 2 Orillas; miembro del Consejo Nacional de Cultura del Ministerio de Cultura de Colombia; director ejecutivo de la Fundación La Cueva y director del Carnaval Internacional de las Artes. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Doy mi palabra, Segundas intenciones, Cámara de Jazz, Poemas reunidos y Semana Santa de mi boca (tres ediciones). En coautoría con Enrique Muñoz Vélez publicó el libro Historia del Jazz en Colombia. Tiene inéditos el poemario Bluesvalía, la novela La Ceja del Tigre y la colección de columnas, artículos y ensayos Yo protexto.

 

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